El Peligro del Mindfulness

Por Alberto Sanagustín 


  ¿Qué es el mindfulness

  Su traducción al español es consciencia plena y suele  identificarse con formas de meditación budista. Algunos autores creen que la palabra “mindfulness” es una mala traducción del concepto oriental de “presencia”.

 El mindfulness ha sido popularizado en Occidente, entre otros, por  Jon Kabat-Zinn. Se ha ido aportando cada vez más evidencia científica de su efectividad contra el estrés y, asociado a otras técnicas, contra otros problemas psicológicos.

 En su definición más simple, mindfulness significa ser consciente del momento presente, aquí y ahora, sin juzgar lo que acontece.

 Durante la práctica, los pensamientos vienen y van, las situaciones vienen y van, pero tú estás observando pasivamente. Eres consciente, pero  sin evaluar ni dejarte llevar por los acontecimientos. Si te dispersas, suavemente vuelves otra vez al estado de observador.

 Esto lo puedes practicar de forma formal –sentado— o informal –andando, comiendo…

 La teoría y práctica es muy interesante y, como decía, hay evidencia de su utilidad. Pero, ¿hay algún peligro?

 En principio, parece que lo prudente es recomendar que las personas con alguna patología física o mental grave, consulten con algún experto antes de aventurarse a practicar. En estos casos,  lo más recomendable es recurrir a personal entrenado que guíe el proceso. Sin embargo, hay un peligro más sutil que me gustaría comentar aquí.

En las explicaciones se insiste en dos aspectos:

1-      La distinción entre consciencia, pensamiento, emociones y sensaciones.  Se adopta una postura de observador que se identifica con la consciencia y se separa del pensamiento. Se llega a identificar el “yo” o el “ego” con el pensamiento.  

2-      Hay un enfoque muy potente hacia el momento presente en oposición al pasado o el futuro.

Esta doble insistencia me parece el origen de algunos problemas que he detectado. A veces son presupuestos, pero otras veces los he visto plasmados de forma explícita. Seguramente son malas interpretaciones de algunos practicantes o rigideces de algunos instructores, pero merece la pena señalarlos:

1-      Para algunos parece que el hecho mismo hecho de pensar es malo . ¿Cómo puede ser así?

 Necesitas el pensamiento y le expresión verbal para transmitir la misma información que lleva a los conceptos de mindulness.

 La filosofía básica de ser más consciente y prestar atención al momento presente sólo la puedes captar y valorar a través del lenguaje, en su inmensa mayoría verbal.

 Todo eso son pensamientos que necesitas para después distanciarte de  esos mismos pensamientos y poder ser consciente de lo que acontece, meditar.

 El pensamiento y la expresión verbal son elementos  básicos y esenciales de nosotros mismos.  Son, además, una herramienta básica para nuestro funcionamiento.

 Como en muchas otras cosas, es el uso que hagas de ellos lo que determinará si te perjudican o no. Si los usas para decirte disparates, cargados emocionalmente, te perjudicarán, pero en sí mismos son esenciales y buenos.

2-      El “ego” o el “yo” lo identifican con algo malo, como mucho una ilusión, que se debe reducir o eliminar. ¿Cómo puede ser el "yo" algo malo? ¿Cómo se pueden menospreciar el "yo" como si fuera sólo una ilusión?

 Cualquier cosa que digamos o hagamos, presupone el “yo”. El “yo” es lo que esencialmente somos.  ¿Es una ilusión? Si  acaso sería tan ilusorio como podría serlo una brazo, una pierna o el hígado, aunque sospecho que es más real que cualquiera de esos órganos. ¿Cómo podría ser de otra manera?

 La hipertrofia del “yo” es lo malo y no su mera existencia. Ésta es tan real como cualquier otra cosa y básica para la supervivencia.

3-      Parece que pensar en el pasado o el futuro es también malo y que hay que estar la mayor parte del tiempo en el presente, excepto cuando no queda más remedio.

 No creo que esto sea necesariamente así. Estar pensando en el pasado o futuro es malo si hay distorsiones que creen un impacto emocional negativo. El hecho en sí mismo es esencial para nuestra vida. El uso que hagamos de ello puede ser neutro, positivo o negativo.

 Aunque estés mucho tiempo imaginando el futuro o el pasado, puedes estar perfectamente bien y feliz. Esa actividad mental  es sólo un entretenimiento o  una herramienta esencial a nosotros mismos.

 Aquí se aplica lo mismo que comentaba acerca del pensamiento en general: esa actividad es buena o mala según el uso que hagas de ella.

  Si imaginas penalidades del pasado o posibles catástrofes futuras, sufrirás. 

 Si piensas enfocas la atención en recuerdos positivos o visiones futuras agradables, estarás bien. 

El problema no es dónde sitúes tu pensamiento, sino lo que hagas con él.

  A modo de conclusión, lo importante es tu objetivo. Si lo que pretendes es la felicidad,  serenidad o la simple tranquilidad mental, lo  consigues quitándote presión.

 Si el vivir en el presente, “mindful”, distanciarte de tus propios pensamientos y eliminar el ego se transforma en otra obligación,  habrás creado otra forma de presionarte y crearte estrés.

Podemos acabar transformando algo bueno como la meditación (mindfulness) en una nueva, sutil  y sofisticada forma de amargarnos la vida.

¡Cuidado!
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