Hay una pregunta que muchas personas se hacen en silencio, porque en voz alta da vergüenza.
¿Por qué no hago lo que sé que tengo que hacer?
Sabes que ese trabajo te apaga. Sabes que esa relación ya no te nutre. Sabes que ese proyecto podría cambiar algo importante en tu vida.
No es falta de información. Y aun así, pasan los meses. Y sigues ahí. Entonces aparece el juicio:
"Soy un cobarde", "No tengo fuerza de voluntad", "¿Qué me pasa?"
La respuesta no tiene que ver con tu carácter. Tiene que ver con cómo funciona tu cerebro.
El cerebro no busca felicidad. Busca estabilidad.
En biología existe un concepto llamado homeostasis: el mecanismo que mantiene tu temperatura estable, tu presión en equilibrio, tu cuerpo dentro de unos márgenes seguros.
Lo que quizás no sabías es que un principio parecido opera en tu conducta.
Tu cerebro convierte lo que haces repetidamente en su definición de "normal". Y "normal" no significa bueno ni saludable. Significa conocido.
Cuando algo amenaza esa normalidad, aunque sea para mejor, se activa una alarma interna:
“Esto no es habitual, ten cuidado”.
A esto se suma la aversión a la pérdida.
Perder algo pesa emocionalmente mucho más que ganar algo equivalente. Por eso, cuando surge una oportunidad mejor, el cerebro no hace una suma. Hace una resta.
¿Qué significa?
Que calcula lo que podrías perder. Por ejemplo:
- Seguridad conocida.
- El mapa que ya dominas.
- La previsibilidad del mal menor.
Y casi siempre esa resta gana.
No porque seas débil. Sino porque tu sistema nervioso está diseñado para priorizar la supervivencia sobre el crecimiento.
Te cuento la historia de Ana.
Ana lleva seis años en una empresa donde su jefe la infravalora y el sueldo no ha subido en tres años.
Cada domingo siente un peso en el pecho y se promete que esa semana actualizará su portafolio.
Un martes recibe la llamada perfecta de una ex-compañera. Le propone un puesto en otra agencia, mejor proyecto, sueldo un cuarenta por ciento más alto. Solo tiene que mandar el portafolio ese día.
Ana no lo mandó.
Y lo que sintió no fue cobardía.
Fue su cerebro detectando una amenaza al orden conocido y generando exactamente la respuesta para la que lleva miles de años entrenado.
¿Qué es?
Quedarse donde está.
¿Cómo podemos entender esto?
Imagina que vives en una casa antigua con la instalación eléctrica en mal estado.
Cada vez que enciendes la luz, sientes un pequeño calambre. Con el tiempo ese calambre deja de ser una molestia y se convierte en una señal: calambre, luz encendida, todo en orden.
Un día un electricista arregla la instalación.
Enciendes la luz y no sientes nada. Y tu cerebro entra en pánico, no porque haya peligro, sino porque falta la señal que había aprendido a interpretar como seguridad.
Eso es exactamente lo que le pasó a Ana.
Su trabajo mediocre era el calambre. Dolía, sí. Pero era predecible.
Y su cerebro lo había registrado como la señal de que todo seguía en orden.
El error más frecuente y qué hacer en su lugar
Cuando entendemos este mecanismo, solemos llegar a una conclusión lógica y equivocada: esperar a sentirse preparado, esperar a que el miedo desaparezca.
El problema es que el miedo ante lo desconocido no desaparece permaneciendo en el mismo sitio.
Cada vez que surge una oportunidad y no actúas, el cerebro aprende que la incomodidad es eficaz para detenerte.
El objetivo no es eliminar la resistencia.
Es entrenar la tolerancia a la novedad, empezando con pesos pequeños:
- Separa la decisión de la acción.
No tienes que decidir dejar tu trabajo hoy. Solo dar el paso más pequeño que abra una opción sin cerrarte nada: un correo, una llamada, actualizar un documento.
- Entrena la incertidumbre fuera del problema principal.
Cambia de ruta, pide algo diferente en un restaurante, inicia una conversación breve con alguien nuevo. Cada vez que tu cerebro comprueba que lo nuevo no es peligroso, amplía su definición de "seguro".
- Nombra lo que ocurre.
Cuando aparezca el nudo en el estómago, ponle nombre en voz baja: "Esto es resistencia automática. No es una señal de peligro, es una señal de novedad." Ese gesto crea un milímetro de distancia entre tú y la reacción. Y a veces un milímetro es suficiente para elegir.
Para llevar:
- El miedo no siempre indica peligro. A veces indica novedad. Y novedad NO significa error.
- Tu cerebro no te boicotea. Solo intenta mantenerte en pie. El problema es que mantenerse en pie y avanzar no siempre son lo mismo.
Una sola pregunta para esta semana:
¿cuál es el paso más pequeño que podrías dar sin cerrar ninguna puerta?
Si quieres profundizar, puedes ver el vídeo completo aquí.
Cuídate.
Dr. Alberto Sanagustín
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CONTENIDOS:
00:00 La pregunta que te haces en silencio.
00:55 No es falta de voluntad: es tu diseño biológico.
01:28 Homeostasis: El termostato que frena tu vida.
03:00 Aversión a la pérdida: Por qué la resta siempre gana.
03:40 El caso de Lucía y el "nudo en el estómago".
06:19 La metáfora del calambre.
08:47 La trampa de "esperar a estar listo".
10:05 Preparación interminable.
10:49 Los 3 Pasos para entrenar tu tolerancia a lo nuevo.
14:58 Lo nuevo no es "incorrecto".
P. D. Referencias bibliográficas:
Alostasis y regulación del estrés:
McEwen, B. S. (1998). Protective and damaging effects of stress mediators. New England Journal of Medicine, 338(3), 171–179.
Sesgo de statu quo:
Samuelson, W., & Zeckhauser, R. (1988). Status quo bias in decision making. Journal of Risk and Uncertainty, 1(1), 7–59.
Aversión a la pérdida (Teoría de la Prospectiva):
Kahneman, D., & Tversky, A. (1979). Prospect theory: An analysis of decision under risk. Econometrica, 47(2), 263–291.
Intenciones de implementación (pasos concretos):
Gollwitzer, P. M. (1999). Implementation intentions: Strong effects of simple plans. American Psychologist, 54(7), 493–503.
Etiquetado afectivo (neurociencia):
Lieberman, M. D., Eisenberger, N. I., Crockett, M. J., Tom, S. M., Pfeifer, J. H., & Way, B. M. (2007). Putting feelings into words: Affect labeling disrupts amygdala activity in response to affective stimuli. Psychological Science, 18(5), 421–428.
Flexibilidad psicológica (ACT):
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.
Sistemas de pensamiento (modelo dual):
Kahneman, D. (2011). Thinking, fast and slow. Farrar, Straus and Giroux.
Recuerda: Este artículo tiene un fin informativo y educativo. No sustituye la ayuda de un psicólogo o profesional de la salud mental. Si el bloqueo es intenso, persistente o se acompaña de ansiedad o tristeza significativa, pedir apoyo también es una forma de cuidarte.
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