Anemia (3): anemias normocíticas

Tras explicar las anemias microcíticas y macrocíticas, sigo con las anemias normocíticas.

Dejo el vídeo y debajo la transcripción del audio.



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En este vídeo voy a hablar sobre las anemias normocíticas. es decir, aquellas en las que los hematíes tienen un volumen corpuscular medio normal, es decir, entre 81 y 97 fL.

Ya sabemos que esto lo tenemos que  ajustar según el laboratorio. Ya hablé en los dos anteriores vídeos de la anemia microcítica y de la macrocítica,o sea, si quieres repasar estos temas, puedes ir a los vídeos anteriores.

La anemia normocítica suele ser debida a una enfermedad crónica cuyo diagnóstico nos lo dará la historia clínica.

Después de la anemia ferropénica que es de tipo microcítico, es la más frecuente en la práctica clínica diaria.

La bioquímica que nos solemos encontrar en una anemia normocítica suele ser con una sideremia disminuida, es decir, una ferropenia, pero con la ferritina normal o incluso elevada y el índice de saturación de transferrina normal o algo disminuido.

¿Cuáles son las causas?

Las causas pueden ser de tipo inflamatorio, infeccioso...

Por ejemplo, inflamatorio puede ser artritis reumatoide, sarcoidosis, enfermedad inflamatoria intestinal, etc.

Infeccioso puede ser la tuberculosis, abscesos pulmonares, neumonías, VIH, sífilis y otras.

Hepatopatías crónicas como por ejemplo, la alcohólica. Una insuficiencia renal crónica.

Un EPOC. Enfermedades endocrinas como el hipotiroidismo, el hipertiroidismo o la enfermedad de Addison.

Neoplasias como carcinomas, linfomas, etc.

Y después también en grandes quemados o en personas con úlceras cutáneas extensas, es decir, en casos de afectación extensa de tejidos.

Es importante hacer una buena historia clínica para que nos oriente en el diagnóstico y hay que tener en cuenta que puede haber una etiología multifactorial.

Los mecanismos fisiopatológicos que generan una anemia normocítica suelen ser múltiples como por ejemplo que haya una eritropoyesis ineficaz por un bloqueo de los depósitos del hierro. O una disminución de producción de eritropoyetina o una falta de sensibilidad a esta. Una disminución de producción de eritroblastos y otros mecanismos.

En los casos que hemos citado anteriormente, la anemia suele ser de tipo normocítico, pero en algunos casos puede ser de tipo microcítico precisamente por la dificultad de movilización de los depósitos de hierro.

La orientación diagnóstica ¿cómo la hacemos?

Como siempre, la anamnesis y la exploración física son lo primero y fundamental. Hay que descartar hemólisis y hemorragias menstruales, digestivas u otras. Hay que preguntar sobre síntomas relacionados con las diversas enfermedades crónicas además de los síntomas propios de la anemia.

Y también hemos de saber si ha sido intervenido quirúrgicamente, si presenta un síndrome constitucional, si hay enfermedades de base, el consumo de fármacos, drogas, tóxicos, etc.

Lo habitual en la historia clínica y que puede ayudarnos a establecer la causa o la etiología de esta anemia normocítica.

¿Cómo procedemos a continuación?

Entonces, tenemos una anemia, con un volumen corpuscular medio normal.

¿Cuál es el siguiente paso?

Pues nos fijaremos en los reticulocitos.

Tenemos dos opciones:

En primer lugar, que los reticulocitos estén elevados y en segundo lugar, que los reticulocitos estén normales o disminuidos.

1-En el primer caso, con los reticulocitos aumentados o elevados pediremos el LDH, la bilirrubina indirecta, la haptoglobina y el Coombs.

Se puede presentar una elevación de la LDH y de la bilirrubina indirecta con disminución de haptoglobina y eso nos hará pensar en una anemia hemolítica.

El test de Coombs positivo o negativo nos ayudará a seguir con el diagnóstico diferencial.

Si resulta que estos parámetros son normales, pensaremos que es una anemia de origen hemorrágico.

La anamnesis y la exploración física previas ya nos habrán orientado, como he dicho antes, en esa dirección y buscaremos si ha habido una historia de sangrado menstrual, digestivo o de otro origen.

Otra opción es que estemos ante una anemia carencial en tratamiento. Esto se supone que en la anamnesis nos habremos enterado.

2-En el segundo caso, teníamos unos reticulocitos normales o disminuidos.

Aquí lo que habrá que valorar también es el resto de células sanguíneas además de otros parámetros que podemos pedir.

Por ejemplo, podemos pedir la ferritina... podemos pedir además de la ferritina la vitamina B12, el ácido fólico, la creatinina para valorar la función renal, pruebas de función hepática, hormonas tiroideas, el nivel de cortisol...

Todo esto según las sospechas diagnósticas que tengamos. También podemos pedir, según estas sospechas, el factor reumatoide o la eritropoyetina, la EPO.

Según los resultados, podemos pedir más pruebas complementarias para descartar enfermedades infecciosas, conectivopatías,  neoplasias y otras posibles etiologías que he comentado ya al principio.

Y también hemos de tener en cuenta que pueden ser anemias ferropénicas o megaloblásticas iniciales.

Otra cuestión en la que nos tenemos que fijar, sobre todo si los resultados en estas pruebas anteriores son normales, es valorar la afectación de la médula ósea en función de alteraciones en el resto de las células hematológicas.

Por ejemplo, en una aplasia de médula ósea habrá una pancitopenia o síndromes mielodisplásicos o infiltraciones tumorales de la médula ósea.

Y eso es todo.  Espero que haya sido útil. Si te ha gustado, suscríbete, deja tu opinión en los comentarios y comparte en redes sociales. Muchas gracias.

Dr. Alberto Sanagustín
@alsanagust
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