Deja para mañana lo que puedas hacer hoy….

 Por Alberto Sanagustín

“Deja para mañana lo que puedas hacer hoy porque puede que mueras esta noche”.


 No sé cuándo ni dónde escuché esta frase, pero me impactó.
 Supongo que todos lo hemos experimentado en más de una ocasión.  Escuchas o lees algo que te sacude por
dentro. Te hace pensar y cambia tu visión de las cosas. ¿En qué sentido me
ocurrió con esa frase?
 En muchas web y blogs 
se habla de productividad.  Se da
mucha importancia a estos conceptos a nivel empresarial, privado y público.  Debes producir más, rendir más, hacer más,
obtener mejores resultados, mejorar los indicadores, obtener más beneficios…
 Se habla mucho de garantía de calidad, estándares de
calidad, mejora continua de calidad y de ser cada vez más eficiente a nivel
personal y empresarial.
 Se insiste una y otra vez en el establecimiento de objetivos concretos,medibles y progresivos para seguir un proceso de mejora constante. Pararse
es retroceder. Se habla con frecuencia del camino
hacia la excelencia.

 ¿Qué tienen de malo estos conceptos? ¿Qué hay de malo en  querer mejorar constantemente, ser más
productivos, eficientes y excelentes? ¿Dónde está el problema?
 En principio son ideas que parecen buenas e interesantes. De
hecho, está bien mejorar  y ser cada vez mejor;
pero toda esta machacona insistencia me produce cada vez más grima.
¿Por qué?
 Porque en el fondo es una mentira. Es  irreal. Si lo pensamos un momento, es
imposible mejorar constantemente, producir cada vez más, ser cada vez más
eficientes y excelentes. Es irreal e inhumano.
 Las ideas que subyacen a toda esta filosofía es el querer
ser y tener más y más. Nunca es suficiente. Nunca hay bastante. Me imagino un monstruo con una boca enorme y una
voracidad insaciable.
 Se supone que tenemos que ser  lo máximo tanto en el ámbito personal como
laboral: ser  cultos, inteligentes,
guapos/as ingeniosos/as, prestigiosos/as, valorados/as, elegantes,
extrovertidos/as, buenos conversadores/as, con muchos amigos/as, tener dinero, casas bonitas y superlimpias, saber muchos idiomas, tener carreras, masters, ser padres y madres excelentes, superbloggers y no se sabe qué más.
 Desde esta filosofía siempre hay algo más que conseguir, nunca es suficiente, nunca tenemos
bastante. Parece que el fracaso nos acecha amenazador detrás de cada esquina. 
 En definitiva, la creencia oculta detrás de esta ideología es que tenemos
que ser “superman” o “superwoman”. Si flaqueamos, estamos perdidos y condenados
a una mediocridad vergonzosa.¡Qué horror!
¿Es posible alcanzar todo esto?  ¿Es
deseable?
Propongo un par de preguntas y mis respuestas. Piensa en las tuyas:
1ªpregunta:
 ¿Para qué toda esa
loca carrera? ¿Qué pasa al final de este camino cuesta arriba hacia la
excelencia?

 La respuesta es tan evidente como simple: la 
muerte
. Con suerte al final conseguiremos ser el cadáver con mejor
historial de calidad y excelencia del cementerio. Nos guste o no nos guste, todos vamos hacia una muerte segura.
Entonces, ¿tanto ruido para esto? 
2ª pregunta:
 Pensemos en la gente que más nos importa y queremos: familiares o amigos. ¿Los
queremos por presentar altos niveles de productividad? ¿Los queremos por
cumplir criterios de máxima calidad? ¿Los queremos por ser ejemplos sublimes de
excelencia? ¿O usamos otros criterios?

 Con tanto buscar la excelencia, tanto mejorar la calidad,
tanto ponerse objetivos y tanto medir y comparar, nos metemos una presión y una exigencia brutal

 El camino hacia la excelencia  es más bien el camino hacia el ataque
cardíaco.

 ¿Y qué propongo?
¿Acaso propongo la pereza, la pasividad, la inactividad o hacer lo mínimo para
subsistir?
No.  Demasiado fácil. Ese
no es mi mensaje. La idea es seguir
actuando en función de nuestros valores y aprendiendo a distanciarnos del
proceso
 Por lo que veo en mi consulta, en la sociedad y en mí mismo, creo
que es una tarea urgente. Y es urgente desde hace demasiado tiempo.
 ¿Cómo distanciarnos
de todo este barullo mental?
 Nos podemos distanciar con pequeñas cuñas que nos sirvan de apalancamiento y nos permitan cambiar la
perspectiva. Respirar en un sentido metafórico y real.
 Como comentaba en la frase inicial, una posible cuña es la
idea segura de la muerte
. Quizás puede parecer radical o exagerado, pero tras
nacer, lo único obligatorio es morirse.  Este es un realismo puro y duro. Dejemos los
optimismos dulzones e irreales para otra ocasión.
 Entiendo que el mensaje puede parecer muy deprimente para
algunas personas, pero estoy afirmando lo obvio. Podemos enfadarnos, rasgarnos
las vestiduras o patalear todo lo que queramos. Da igual lo frenética que sea
nuestra actividad porque al final todo acabará en nada.
 ¿Qué importancia
tendrá nuestra productividad, eficiencia y excelencia dentro de 50, 100, 1000,1000000
de años? 

 En el esquema global de las cosas, ninguna. ¡Lo siento!

 Pero, en realidad, estos hechos sólo producen tristeza tras
hacer un análisis superficial. 

 Si realmente
captamos el significado de  nuestra
finitud y muerte, nos sentiremos inmensamente liberados. Nos quitamos toda la presión.  

 La reflexión sobre la muerte  es uno de los verdaderos caminos hacia una
vida mejor, feliz, serena y, paradójicamente, más eficiente. Sí, más eficiente.

 El camino obsesivo y frenético hacia la productividad, la
mejora continua y la excelencia pueden ser uno de los caminos hacia nuestra perdición: nuestra muerte en vida.
¿Por qué?
 Porque nunca estamos en nuestro propio cuerpo y en nuestra circunstancia para vivirlos de forma serena y relajada. Nuestra salud se
resiente.
 Espero que la frase inicial (“Deja para mañana lo que puedas
hacer hoy porque puede que mueras esta
noche
”) empiece a tener sentido más allá de la simple provocación.
¿Qué propongo?

1-Tengamos presente la inevitabilidad de nuestra propia
muerte
y la de todos los que nos rodean: amigos, enemigos, conocidos y
desconocidos. 

 Reflexionar en profundidad acerca de nuestra insignificancia es profundamente
liberador.

2-Ver nuestros problemas y tareas desde  el punto de vista anterior. 

  ¿Es tan grave que
no hagamos esto o aquello? ¿Es tan terrible que dejemos algunas cosas para
mañana? 

  ¿Es tan horrible que no seamos tan productivos o excelentes? ¿Es tan
catastrófico que fallemos? 


  ¿Es tan malo tener suficiente? 

  En la inmensa mayoría
de ocasiones, no es tan malo. Tener bastante puede ser lo mejor.

3-Repetir los dos puntos anteriores hasta que desarrollemos
una filosofía de que no hay nada,
absolutamente  nada, que merezca la pena
tomarse “demasiado” en serio.
Un poco en serio, sí. Demasiado en serio, no.
4- Dejar algo para
mañana
, pasado mañana o el año que viene. Creo que le llaman “procrastinación”. En fin, posterga conscientemente. La mayor
parte de las veces, no pasa nada.
5- Practicar de vez en cuando la pérdida de tiempo. Dedicar un tiempo a no hacer nada. Cultivar “Il
dolce far niente”. Aburrirse un poco es sano.
6-Practicar la lentitud
al hacer, al movernos y al hablar. Ser más conscientes del espacio que ocupamos y de nuestro propio cuerpo. Ser más conscientes de que respiramos. Estar presentes aquí y ahora.
7-Ir abandonando la
idea de que tienes que demostrar algo

  No tienes que demostrar nada a
nadie. 

  No tienes que demostrarte nada a ti mismo/a. 

  No es obligatorio que
estemos a la altura de las circunstancias ni de nuestras expectativas acerca de
nosotros mismos o de los demás. 

  Esas exigencias son siempre optativas. No son leyes físicas como la fuerza de la gravedad.

8-Haz lo que tengas que hacer con comodidad y tomándote tu
tiempo.
Cuando acabes, te encoges de hombros y piensa: ¡A la m*****! Podemos
usar cualquier otra palabra malsonante que dé intensidad emocional a esa
actitud. Según el contexto quizás sea útil expresarlo en voz alta.
 Una última advertencia. Si por naturaleza eres muy
despreocupado/a, incumplidor/a y más frío/a que el hielo, olvídate de lo que he
escrito.
En mi caso, me voy a practicar…¿Y tú?
¡Suerte!
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