Cómo superar la timidez en tres pasos

 Los seres humanos somos seres sociables y a todos nos gusta, en mayor o menor medida, relacionarnos con los demás 


La timidez genera sufrimiento porque es una reacción de miedo a esta interacción con otras personas.

Este  miedo genera una sensación desagradable de ansiedad.

La ansiedad se puede manifestar en una serie de síntomas y puede que tengas miedo a que los demás te valoren negativamente porque puedan notar tu nerviosismo.

Si sumamos el miedo a los demás y el miedo a las reacciones que genera la misma ansiedad, vamos mal.

¿Cuál es la consecuencia de todo esto?



Que esquivas a la gente y notas un alivio inmediato. 

Ese alivio refuerza la timidez, es decir, la evitación de situaciones sociales.

¿Cuál es el problema?

Frustración porque no consigues lo que quieres, es decir, relacionarte. Eso provoca inseguridad, desconfianza y más sufrimiento. Es un círculo vicioso.

¿Cómo lo solucionas?

Rompiendo el círculo vicioso en algún nivel.

¿Cómo se puede hacer?

De diferentes maneras, pero puedes actuar a nivel de tu pensamiento, del cuerpo, de la conducta o, mejor todavía, de todos a la vez.

¿Qué puedes hacer a nivel del cuerpo?

Si eres una persona físicamente ansiosa en general, puedes aprender cualquiera de las diferentes técnicas de relajación existentes.  

Algunas se centran más en la relajación muscular, otras en la respiración o combinaciones entre ellas.

En realidad no sabemos  que tipo de técnica puede ir mejor o peor a una persona concreta. Es cuestión de probar y ver qué te tranquiliza más.

Puede que sea lo único que necesitas para atreverte en tu relación con los demás.

La meditación puede ser interesante, aunque su objetivo no es tanto relajarse como centrarse en algo interno y dejar que los pensamientos vayan y vengan como las nubes del cielo. 

Aprendes a distanciarte de tus propios pensamientos.

Hay otros aspectos que actúan a nivel corporal como puede ser la mejora de la alimentación, el ejercicio físico regular o la eliminación de hábitos tóxicos

Todo ello puede ayudarte a nivel físico y mental.

La medicación puede ser una opción en algunos casos que derivan en un miedo muy exagerado y se  etiquetan de fobia social. No es el tema del artículo y siempre deberías preguntar a tu médico de referencia.

¿Qué podemos hacer con el pensamiento?

En primer lugar plantearte qué pensamientos y creencias nos hacen ser miedoso respecto a tu relación con los demás.

Tomar consciencia de que en gran medida esa timidez te la provocas a ti mismo por la forma en que piensas.

Es cierto que pueden haber predisposiciones  genéticas o ambientales que te pueden haber afectado;  pero es en gran parte nuestro pensamiento y, en concreto, cómo evaluamos las situaciones, lo que determina nuestros miedos sociales.

Si estás ansioso o te sientes torpe en una situación social, hay varias creencias que circulan por tu mente. Puede que no seas del todo consciente, pero están ahí.

Un pensamiento más o menos consciente suele ser que “necesitas” tener éxito a nivel social. En concreto creer que necesitamos desenvolvernos bien socialmente, que nos aprueben, que nos traten bien, que nos aprecien, que no se burlen de nosotros, que nos elogien…

Otro pensamiento es creer que “necesitas” que los demás te aprueben, acepten y te traten siempre bien, aunque sean desconocidos.

Todo esto está muy bien y es muy deseable. 

El problema es la “necesidad”: creer que necesitas todo eso.

Cuando transformamos lo deseable en algo necesario, nos creamos un problema. 

Esos deseos, por muy agradables que sean, son preferibles porque el no tenerlos no te matará. Será desagradable, pero no una tragedia.

Quizás lo ideal sería que lo hicieras todo muy bien, que todos te quisieran, te aprobaran, te dijeran que lo haces muy bien y que las circunstancias fueran siempre óptimas; pero eso no va a pasar.

Nosotros somos falibles y los demás son falibles. Es obvio, pero es importante recordarlo.

Es esperable que tú falles y que los otros fallen.

Pueden equivocarse cuando te valoran. Pueden interpretar mal los datos que le les llegan o pueden juzgar en base a datos distorsionados. 

Quizás no se equivoquen en sus valoraciones, pero sus gustos no incluyan a alguien como tú. Eso no dice nada sobre ti, sino acerca de ellos.  

Algunos prefieren el chocolate y otros la vainilla. Eso no dice nada sobre el chocolate o la vainilla, sino sobre los gustos de la gente. Lo mismo puedes aplicar a las personas salvando las distancias.

El que te aprueben o no es algo que no está bajo tu control. La gente tiene ideas más o menos preconcebidas de cómo eres o cómo se supone que tienes que ser.  

Como comentaba, depende mucho de sus gustos y éstos son muy subjetivos. Es prácticamente imposible que te acepte todo el mundo, pero también que te rechacen todos. 

Recuerda que hay gente que ha hecho acciones muy malas y tienen seguidores e incluso fans.

La realidad es que:

  • Si exiges que todo te salga bien en tus actuaciones sociales, sufrirás.
  • Si exiges que los demás siempre te valoren bien o te traten bien, incluso los desconocidos, sufrirás.

De todas formas, en cuento al miedo al rechazo. 

¿Qué es lo peor que te puede pasar?

Que que te desprecien, que se burlen de ti…

Déjalo estar

Mientras no te peguen una paliza, no tiene tanta importancia. 

No es como si te cortaran un brazo, sino algo molesto, como una rozadura, y ya está.

Ten en cuenta que puede ser sólo una interpretación mental errónea que tú haces al valorar lo que otros piensan o no piensan de ti. No puedes saberlo si no te lo dicen con claridad.

Quizás piensas que eres el centro de atención y que todos están pendientes de ti. Lo dudo. 

Normalmente  lo que más le importa a la gente es su propia persona. 

Pregúntales  en quién se fijan primero cuando ven una fotografía en la que aparecen entre otra mucha gente. Se fijan primero en ellos mismos.

En la mayoría de ocasiones los demás no están pendientes de ti, sino de sus propios pensamientos, de su propia apariencia y de sí mismos en general. 

Es posible que tengan el mismo problema. No eres el centro.

En segundo lugar, puedes darte cuenta que esos pensamientos son “sólo” eso: pensamientos. 

Plantea esas valoraciones exigentes respecto a ti mismo, lo demás y el mundo  como si fueran aire que flota en tu cabeza y que igual que viene se va.

Son efectos especiales de tu mente que te hacen sentir mal y si no les das poder, vienen y van.

A veces sólo con darte cuenta es suficiente para distanciarte y sentirte mejor.

Nada te obliga a tomarte en serio tus propios pensamientos e películas mentales.

Si no te enganchas a esos pensamientos y los dejas estar, vendrán y se irán.

En este caso, algún tipo de meditación formal o informal puede ser de utilidad.

En realidad, la única precaución  que debes tener es no meterte en líos y evitar que te peguen una paliza. Lo demás son cosas de menor importancia.

Si no te toman en consideración, te rechazan o se ríen de ti, es desagradable, pero como comentaba , no es como romperse varios huesos en un accidente y estar inmovilizado en el hospital una temporada. ¿Verdad?

¿Qué hacer a nivel de conducta?

Actuar y dejar de quejarte

Cuanto más das vueltas a la timidez o a lo tímido que eres, peor. 

Tarde o temprano hay que “entrar al trapo”. Hay que participar.

Puedes proponerte pequeños objetivos y acciones sociales muy limitadas. 

Por ejemplo: saludar, sonreír y preguntar por una dirección o cualquier otra cosa trivial. 

A partir de eso puedes construir acciones más complejas.

Cuando tengas un pequeño éxito, celebrarlo y felicitarse es fundamental. No le quites importancia.

Es cuestión de plantearse pequeñas situaciones de incomodidad. Es lo que llaman salir de la zona de confort

Has de estar dispuesto a experimentar algo de miedo o ansiedad y no pasa nada.

Si no te sientes incómodo, no avanzas. Sea en el tema de la timidez o en cualquier otro.

De una forma u otra tienes que adentrarte en terreno desconocido y lo desconocido provoca inseguridad. 

No puedes esperar a la motivación perfecta o a la garantía perfecta de que todo saldrá bien. 

Primero actúas una y otra vez y después, con la práctica, la seguridad llegará.

Da la mano a esas dudas e inseguridades y sigue adelante. 

La valentía no es actuar sin miedo, sino actuar a pesar de tener miedo. ¡Ánimo!

Dr.Alberto Sanagustín
@alsanagust
Suscríbete a mis vídeos de medicina en Youtube

Si te ha gustado, ¡comparte! Gracias

Referencias:
M.Antony, M., & P. Swinson, R. (2014). Manual práctico para el tratamiento del a timidez y ansiedad social (1st ed.). Desclée de Brouwer.

Artículos relacionados:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *