Cómo motivarse y vencer la pereza

Una queja frecuente de muchas personas es la falta de motivación y la pereza. 

Es un problema importante porque afecta a su salud, a su vida profesional o familiar. 

No se deciden hacer trabajos importantes, a perder peso, a hacer ejercicio, a estudiar, a desarrollar habilidades como hablar en público o a hacer tareas aburridas, pero necesarias.

A todos nos pasa de vez en cuando y nos vienen la mente pensamientos como por ejemplo:

“Esto es una pesadez”
“Es una pérdida de tiempo. ¡Vaya rollo!”
“No vale la pena tanto esfuerzo, ¿para qué?”
“De algo hay que morir”.
“Mejor seguir descansando y viendo la tele”.
“No me servirá de nada porque siempre acabo igual”

Y así excusas más o menos absurdas hasta el infinito.

Como decía, es algo que nos ocurre a todos de vez en cuando.

¿Qué está pasando?

Se suele hablar de falta de motivación y por Internet suelen etiquetarlo de “procrastinación” (dilación o postergación) y  se dan una serie de consejos para superar el problema.

Desgraciadamente el tema no es tan sencillo y no conviene minimizarlo.

¿Por qué?

Porque antes de concluir que es una cuestión psicológica, de pereza o vagancia, hay que hacer lo que los médicos llamamos un diagnóstico diferencial para detectar dónde está la raíz del problema. Después ya veremos la solución.

¿Cómo lo enfocamos?

Podemos quejarnos de falta de motivación y de una sensación subjetiva de falta de energía o agotamiento físico y mental que disminuye nuestro interés por cualquier actividad.

Si es así, hay que ver cuál es el motivo del problema y descartar alguna causa física que provoque esta situación, sobre todo si esta actitud no es habitual en nosotros.

En esta investigación podemos encontrar causas diversas:

Pueden ser situaciones normales (fisiológicas) secundarias a:

-Exceso de actividad física.

-Falta de sueño.

-Malos hábitos alimentarios.

-Llevar una vida demasiado sedentaria.

-Cuestiones tan habituales como un aumento de cansancio durante el embarazo o el envejecimiento.

Ciertamente las causas suelen ser psicológicas (ansiedad, depresión, estrés, hostilidad) o psicosociales (problemas de la vida); pero también hay un 10-15% de causas que son enfermedades físicas, sobre todo en ancianos.

Si el problema de cansancio y falta de motivación tiene suficiente entidad, tendrá que evaluarlo un médico.

Habrá que hacer una historia clínica (interrogatorio y exploración orientada) para descubrir otros síntomas o signos.

 En base a esto valoraremos si hay que pedir alguna prueba adicional para descartar procesos que pueden ser:

-Hematológicos (anemias…).

-Endocrino-metabólicos (hipotiroidismo, diabetes,…).

-Infecciosos (virasis,…).

-Respiratorios.

-Cardiovasculares.

-Neurológicos.

-Inmunitarios.

-Renales. 

Dentro de las posibles causas puede estar el consumo de medicamentos (efectos secundarios de tranquilizantes, antihistamínicos, antiepilépticos) y de tóxicos (como alcohol, cannabis u otras drogas).

Y para finalizar habrá que valorar entidades como el síndrome de fatiga crónica y la fibromialgia.

Según las conclusiones a las que lleguemos el problema deberá ser tratado cambiando el estilo de vida, instaurando el tratamiento más adecuado o derivando a servicios sociales.

Supongamos que hemos descartado los problemas más importantes y estamos ante una persona sana con un problema más o menos normal de falta de motivación para realizar alguna actividad.

Sabemos lo que tenemos que hacer. Tenemos los conocimientos necesarios, pero no lo hacemos. No tenemos ganas. Nos falta la motivación necesaria.

¿Cómo abordar el tema?

1º Saber qué tenemos que hacer: 

Establecer objetivos concretos y dividirlos en pasos lo suficientemente pequeños para que no nos desborden.

¿Cómo nos comemos una elefante? Trocito a trocito. 

Por ejemplo:

Plantearse perder 20 kilos, desanima; pero perder 0,5 ó 1 kg en una o dos semanas es asequible. 

Si quieres entrenarte para una maratón, habrá que empezar con distancias cortas e ir construyendo poco a poco tu forma física.

2º Saber por qué tenemos que hacerlo:

Nos hacen falta razones, pero no sólo simples razones. Han de estar basadas en nuestros valores.

Si tu objetivo lo conectas con razones superficiales, que tienen más que ver con lo que te imponen los demás o la sociedad, difícil lo tienes para conseguirlos.

Es importante que tengamos claros los valores en los que se fundamentan nuestros objetivos. 

Los valores son aquello que es importante para nosotros y nunca se consiguen porque son procesos. Se viven día a día. Son el camino y no el objetivo. 

Independientemente de si consigues tus objetivos o no, si vives de acuerdo a tus valores ya has tenido éxito y tu vida ya tiene sentido.

Por ejemplo:

Quieres dejar de fumar y tener un peso más equilibrado porque para ti es importante) estar saludable y deseas tener más esperanza de vida para estar con tu familia. Además quieres dar ejemplo a tus hijos. 

Aquí estás conectando con tus valores y facilitas tu tarea. 

Repito: no son unas razones cualquiera impuestas por el sistema sanitario o la sociedad, son tus razones conectadas con lo que tú más valoras en la vida.

3º Actuar.

El tercer paso es crucial y parece que muchas personas no lo tienen claro. Hay que actuar.

No hay que poner el burro delante del carro, sino al revés.

No has de esperar a tener una sensación de motivación que te impulse a actuar.  

Has de actuar primero para tener esa sensación de motivación después. 

Esa creciente motivación hará un efecto en bola de nieve que te hará actuar con más facilidad.

La primera vez que experimenté esas sensaciones fue cuando tenía 13 ó 14 años. Me aficioné a ir al gimnasio porque me gustaban las pesas, la halterofilia y este tipo de cosas. Me encantaba entrenar y dedicaba más de 2 horas diarias.

No precisaba de ningún esfuerzo. La actividad era gratificante en sí misma. Organizaba mi material y salía zumbando hacia el gimnasio. Entrenaba, me duchaba, vuelta a casa, estudiaba, comía, iba al instituto y al día siguiente igual.

El problema era cuando tenía exámenes. No podía seguir ese ritmo. Durante dos semanas tenía que entrenar menos tiempo o ir menos al gimnasio.

¿Qué ocurría después?

Pereza y sensaciones desagradables. Me costaba reiniciar la actividad otra vez porque lo veía muy cuesta arriba. Era como escalar una montaña, con muchos pasos, muy incómodos…

Esto era así hasta que recordaba lo agradable que era sentirse en forma, relacionarse con la gente y volvía a moverme e iba al gimnasio A PESAR de no tener ningunas ganas. Al poco tiempo, estaba muy motivadotodo era igual.

En este caso, sin ser consciente de lo que pasaba, usaba el proceso que he comentado.

1-Perdía el ritmo.

2-No tenía ganas de empezar otra vez.

3-Conectaba con mis valores de estar saludable, en forma y sentirme fuerte.

4-Me ponía en acción a pesar de la pereza y las dudas.

5-Empezaba una motivación creciente y volvía al ritmo previo.

La idea clave a recordar es que  si esperas a tener ganas o motivación, nunca empiezas. 

1º Conecta con tus valores.

2º Actúa moviéndote hacia tus objetivo llevando contigo tu incomodidad y tu pereza.

3º La motivación aparecerá y reforzará tus acciones.

Insisto en el problema de poner el burro delante de la carreta. Es una estrategia equivocada. 

Es conocido que muchas veces nos acobardamos ante actividades que exigen un esfuerzo porque en nuestro diálogo interno nos exigimos las “4 C” para empezar a actuar:

– Confianza

– Comodidad


– Certeza.


– Compromiso

Supongamos que somos tímidos en situaciones sociales, por ejemplo al hablar en público.

Podemos hacer un trabajo mental previo, pero tarde o temprano nos tendremos que lanzar al ruedo y hablar.

Entonces nos pueden asaltar las “4 C”:

1-No quiero empezar hasta que tenga suficiente confianza y seguridad en mí mismo.

Es una tontería.  No puedes tener confianza en ti mismo si no has hecho nunca esa actividad o no tienes casi experiencia.  

La única confianza que puedes tener es fe y coraje, es decir, hacer algo a pesar de tu inseguridad.

Con la práctica tendrás una seguridad real por las experiencias positivas que habrás acumulado.

2-No quiero empezar hasta estar cómodo y no sufrir nada.

Otro absurdo.  Para poder hacer algo con comodidad, has de habituarte a ello. 

Si no tienes experiencia, por definición te has de poner en una situación de incomodidad.

La comodidad vendrá con el tiempo.

3-Queremos tener certeza de que saldrá bien.

La vida es incertidumbre. Queremos garantías absolutas, pero nadie nos puede garantizar nada. Sólo podemos jugar con posibilidades.

No nos queda más remedio que asumir un nivel de incertidumbre, sobre todo si no tenemos experiencia.

4-Queremos empezar cuando estemos completamente comprometidos.

Esto es lo que comentaba sobre la motivación en general. Primero tenemos que actuar y luego mejorará nuestro compromiso y nuestra motivación. No es al revés.

Conclusión:

Si es preciso hacer algo, sea grande o pequeño, haz sitio a tu inseguridad, pereza, incomodidad, incertidumbre, dudas y desmotivación , asúmelos, carga con ellos y empieza a ACTÚAR.  

La motivación vendrá después con toda su fuerza.

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Dr. Alberto Sanagustín
@alsanagust
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23 opiniones en “Cómo motivarse y vencer la pereza”

  1. Yo soy una persona muy timida que tiene miedo a lo que pase, poe ejempli de hacer algo y que me equivoque, y todos se rian de mi, que me recomiendas hacer,espero hacer esto quevrecomendaste y estare esperando tu respuesta, gracias.

    1. Es normal tener algo de temor, pero no hasta el punto de que te paralice. Es difícil que todo el mundo se ría de ti y si se ríen, que se rían…Se puede trabajar con estos temores de diversas formas: cambiar los pensamientos por otros más racionales, aprender a dejarlos ir y venir, etc. Por supuesto, depende de la gravedad de la situación hay que pedir ayuda profesional. Saludos.

  2. Amigo, me parece muy interesante su artículo. Yo creo tener un problema grave de pereza pero no sé qué lo causa. No sé cuál es la causa porque tengo muchos problemas en mi entorno social que me desmotivan pero al mismo tiempo no me siento muy bien de salud entonces me gustaría llevar esto a consulta. Lo malo es que no tengo recursos y una consulta psicológica cuesta mucho dinero. He leído muchos artículos de depresión y motivación que me han ayudado mucho pero todo siempre es temporal y luego recaigo. También hay momentos en que cuando me siento bien de salud dejo a un lado la pereza y los malos pensamientos pero luego no se que pasa y llego a lo mismo. Me cuenta ser positivo y reconozco que tengo que hacer un mayor esfuerzo pero creo que necesito ayuda profesional. ¿Existe algúna forma en que una persona de bajos recursos como yo encuentre ayuda profesional?

    Espero su respuesta y le deseo mucho éxito.

  3. lo que yo e entenfido ha sido
    1°ten un objetivo
    2°preparate
    3°vence la pereza y hazlo
    en el tercer paso dices que una vences una vez la pereza luego te llega la motivacion cuando se empiza ha hacer un habito (aparte de que esto ya me parece tremendamente dificil) perder un habito es tan facil como no hacerlo una vez por ejemplo yo comia casi a diario las adictivas patatas lays hasta que dije esto no puede ser sano y tras acabarme las que tenia en casa ya no comi mas
    y me cagocen esteetecladooo

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