La chulería de los médicos

Dr.Alberto Sanagustín

Hace unos días leí un artículo de un médico, Carlos Juan Antonio Toro, titulado “Autocuración: bajando al médico del pedestal” y me pareció muy interesante comentarlo.


La idea que transmite es que el médico no cura, sino que ayuda al cuerpo a que se cure a sí mismo.

Al final recomienda cuidar el estilo de vida y escuchar al cuerpo. Este nos envía señales y debemos prestar atención para ver si nos estamos excediendo. Básicamente estoy de acuerdo.

El artículo me ha hecho gracia porque eso mismo, o muy parecido, nos dijeron en primero y segundo de medicina los catedráticos de Anatomía y Fisiología. Me he retrotraído muchos años en el tiempo.

El cuerpo se cura a sí mismo. Los médicos ayudamos con medicación, con yesos, con fisioterapia, cirugía o simplemente con palabras; pero si el cuerpo no tiene un mínimo de capacidad de recuperación, no conseguiremos nada.

Y, es cierto, en muchas enfermedades banales, el organismo se recupera espontáneamente. El médico es simplemente un testigo o, a veces,  “da permiso” para que se cure.

El médico que consuela


La frase “El médico rara vez cura, alivia en ocasiones, pero consuela siempre” tiene mucho sentido.

En realidad, el médico cura porque el cuerpo de su paciente le ayuda. Y, sobre todo, alivia y consuela por la calidad de relación con su paciente, su simple presencia y el uso de la palabra. 

Es verdad que la citada frase tiene unos catorce siglos de antigüedad y en aquella época las posibilidades terapéuticas eran muy escasas, pero sigue teniendo actualidad. Encierra una gran verdad.

Los médicos tenemos que admitir que, en último término, nuestros cuerpos (incluido el del propio médico) acaban claudicando, no reaccionan y mueren.

Es obvio, pero tendemos a olvidarlo, sobre todo en Occidente.

Al final sólo nos queda aliviar y consolar. Y es mucho.

Primero no hacer daño


Destacaría otra frase: “Primum non nocere”.  Significa que "lo primero es no hacer daño". Es una máxima aplicada a todas las ciencias en salud y se relaciona con las anteriores.

Los grandes avances médicos y terapéuticos nos permiten ser cada vez más agresivos y efectivos en nuestras intervenciones.

Eso puede ser muy necesario y útil, no lo dudo, pero no debemos olvidar a la persona y la relación con el paciente porque, si no, todo lo demás pierde sentido.

Sobre chulería y humillación


En algunos profesionales sanitarios veo una preocupación por ser más considerados socialmente o mejor recompensados. Esas aspiraciones, en sí mismas, son legítimas y no me parecen mal, pero desde mi forma de pensar, tienen su punto peligroso.

¿Peligroso para quién?

Para los mismos interesados en primer lugar y después para sus pacientes.

La frustración se transmite.

El sentirse superior o querer serlo por ser médico no tiene mucho sentido; pero tampoco parece que tenga sentido sentirse superior por ser cualquier otra cosa.

Es un mensaje que creo útil para todo el mundo, aunque algunos lo consideren ingenuo o algo peor.

La tendencia a subirse en un pedestal es una forma de causarse sufrimiento. Te crees superior o quieres ser superior, pero:


  • Si en el fondo no estás por encima de los demás o crees no estarlo, sufres.
  • Si bajo algún criterio eres superior, puede que tengas miedo a perder esa superioridad y sufres.
  • Si bajo algún criterio eres superior, puede que en el futuro pierdas esa superioridad y vas a sufrir.


Es un problema de valores, de dar demasiada importancia a lo superficial, a la apariencia,  y no a lo realmente importante: la armonía con los demás.

Conclusión


Hazte más pequeño.

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.
(Mt 5,3) 

Dr. Alberto Sanagustín
@alsanagust
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