La trampa de la diversión y la incomodidad como objetivo

Dr. Alberto Sanagustín

Está de moda la idea de que siempre has de divertirte cuando aprendes algo.

De entrada, esto está bien y es muy atractivo.

La idea se ha ido extendiendo a través de libros de de autoayuda hacia cualquier área de nuestra vida. 

Abundan los libros sobre felicidad, optimismo y el ser positivo. Parece que tendríamos que estar en un estado de euforia  permanente y con una eterna sonrisa.

Y aquí empiezan los problemas.

¿Por qué?

Porque esto no funciona así.

La diversión, el optimismo, la diversión y la felicidad forman parte de la vida; pero la tristeza, el pesimismo y la tristeza también. 

Amar la vida y vivirla plenamente implica aceptar y abrazar toda esa variedad de emociones y estados tanto positivos como negativos.

¿A dónde quiero llegar?

Una de las recomendaciones básicas que los médicos hacemos a los pacientes consiste en cambiar el estilo de vida. 

Insistimos en el desarrollo de hábitos más saludables: cambios en la dieta, aumento del ejercicio físico, horas de sueño suficientes, dejar el consumo de tóxicos, aprender a relajarse y cuestiones similares.

Normalmente esos cambios no suelen ser tarea fácil. Requieren algo de esfuerzo, incomodidad, un poco o mucho sacrificio. Al principio es así hasta que hemos desarrollado el hábito deseado.

Ahora bien, si la mentalidad es que cualquier cosa que quiero conseguir la debo conseguir mediante diversión, pasándolo bien y sin esfuerzo, mal vamos...

La insistencia en la diversión y en que nuestras actividades sean más agradables y cómodas es algo deseable. 

De hecho, el refuerzo positivo es algo conocido en psicología del aprendizaje y tiene un efecto poderoso para construir nuevas conductas.

Si asociamos o reforzamos un nuevo hábito con recompensas (por ejemplo diversión), cada vez será más frecuente hasta que se convierta en automático.

Esto está muy bien, pero no siempre es tan fácil. Sea lo que sea que queramos hacer,  si vale la pena, normalmente habrá que esforzarse y experimentar dificultades.

A veces queremos conseguir algo y tenemos que renunciar a la comodidad inmediata, demorar el placer a corto plazo para conseguir un premio posterior. Es algo que olvidamos con facilidad.

Por ejemplo:

Puedes apuntarte en un curso de formación de tema muy interesante, pero habrá partes difíciles o algún profesor aburrido. 

Has de aceptar esto como parte del proceso y seguir adelante.

Si quieres hacer unos estudios, tendrás que esforzarte en estudiar. Es preferible que las asignaturas te apasionen y que idees formas para convertirlas en algo más divertido. Eso hará que estudies con más intensidad, pero no siempre será así. 

Cuando no sea así, te encoges de hombros, lo aceptas y sigues adelante.

Puede que necesites aprender un idioma por motivos personales o laborales. A lo mejor te gusta mucho y se pueden idear formas diversas de hacerlo más divertido; pero no nos engañemos, requerirá horas de estudio y a veces tedioso esfuerzo. 

Son cosas que pasan. Mala suerte. Sigues hacia tu objetivo.

Quizás quieras montar un nuevo negocio que te ilusiona, pero tendrás que pasar por toda una serie de papeleo desagradable y esforzarte duro. 

Se aplica lo mismo: aceptación, disposición y seguir actuando.

Quizás tu médico te haya recomendado cambios en el estilo de vida y eso implique cambios en la dieta, ejercicio para adelgazar y dejar de fumar. Exigirá esfuerzo y algún sacrificio. Lo sabemos.

Haces sitio a esas sensaciones negativas y sigues en la dirección que sabes que es mejor. Tu salud te lo agradecerá.

Podríamos poner muchos ejemplos, pero siempre se repite el proceso

Para conseguir un objetivo, la mayoría de veces tenemos que demorar la gratificación (diversión) a corto plazo para conseguir algo mejor a medio o largo plazo.

Pretender conseguir objetivos importantes sólo con diversión, con facilidad y sin esfuerzo es vivir en un mundo de fantasía. Es no vivir con los pies en el suelo.

A veces esa necesidad de no sufrir y que todo sea fácil y divertido, incluye querer estar seguro de ti mismo antes de adquirir la nueva habilidad. 

Son las tres “C” que comentaba sobre la motivación. Querer experimentar confianza, comodidad, certeza y compromiso antes de empezar.  No tiene sentido. Es querer hacer las cosas al revés. 

Primero actúas repetidamente con fe y luego consigues la seguridad. Ese es el orden correcto.

No estoy explicando nada nuevo, pero es importante recordarlo. 

El culto a la diversión y una felicidad mal entendida puede despistarnos de nuestros objetivos. A largo plazo será peor.

¿Cómo bajar a la incomoda realidad?

Tomando consciencia de lo explicado.

Piensa en objetivos que has conseguido y que valen la pena. ¿Los has conseguido sin esfuerzo? 

Recuerda cuando conseguiste acabar unos estudios fáciles o complicados, una carrera o sacarte el carnet de conducir,  aprender un idioma, conseguir un trabajo, empezar una relación, tener un hijo,...

¿Fue todo coser y cantar? ¿Fue todo fácil y divertido?

Lo dudo.

¿Cómo puede servirnos esta toma de consciencia de la utilidad de lo incómodo?

Haz una lista  con tu “historia de incomodidad”. 

Aparecerán actividades que has hecho que eran incómodas, pero valían la pena porque conseguiste lo que querías. Pueden ser parecidas a las que he citado antes.

Recuerda los momentos difíciles  que superaste con tu insistencia.

Muchas veces habrás tenido que sufrir, esforzarte y pasar malos ratos, pero habrá valido la pena.

El “no pain, no gain” (no dolor, no ganancia) de los anglosajones puede parecer exagerado, pero tiene un componente de verdad y de esto estoy hablando aquí.

El problema de ensalzar el divertimento y la comodidad hasta un nivel casi sagrado es que nos hace débiles

En psicología diríamos que baja nuestra tolerancia a la frustración. Esto significa que no aguantamos el fracaso o sufrir un poco y eso nos hace débiles.

¿Cómo te sentías después de haber hecho todas esas cosas incómodas?

Seguro que muy bien, con satisfacción por el deber cumplido y con sensación de control sobre tu vida. 

Ese recuerdo es un refuerzo que sirve para aceptar la incomodidad a corto plazo.

¿Cómo se aplican estas ideas para alcanzar objetivos?

Me refiero a objetivos tanto en relativos a cambios de estilo de vida o a cualquier otro objetivo.

Te los puedes aplicar haciéndote unas preguntas básicas:

1-¿Qué quieres?

Esto es evidente, pero básico. Si no sé dónde quiero ir, no sabré si he llegado. 

Deambular sin rumbo puede estar bien, pero ahora no hablamos de eso.

Por ejemplo, quiero adelgazar 15 kilos para que índice de peso corporal sea el adecuado.

2-¿Qué tienes que hacer para conseguirlo?

Hay que trocear el objetivo en pasos pequeños que podamos ir consiguiendo. A veces no es tan fácil, pero es un paso fundamental.

Por ejemplo, eliminar comida basura y dejar de picotear entre comidas, comer más verdura y fruta, andar más,...

3-¿Estás dispuesto a conseguirlo?

Hay que hacerse la pregunta porque a veces algo nos parece “chulo” o “guai” y nos quedamos en nada...

Puede parecernos interesante adelgazar unos kilos y dejar de fumar, pero sólo interesante...Que lo haga otro. Si te gusta demasiado la bollería, quizás no estás dispuesto a conseguirlo.

4-¿Estás dispuesto a pagar el precio para que sucedan las cosas?

Está bien. Hemos decidido conseguir el objetivo, pero hay que pagar un peaje. 

El precio es la incomodidad o el sacrificio que hemos estado comentando. Hay que renunciar a cosas para conseguir otras.

La inseguridad, la falta de confianza, la desmotivación y la incertidumbre respecto a si lo vas a conseguir forman parte de esa incomodidad.

Eso se aplica a los cambios de estilo de vida, pero también a cualquier habilidad que quieras desarrollar como aprender a mecanografiar o un nuevo idioma.

¿Cómo quieres sentirte seguro, confiado, motivado y con garantías de éxito haciendo cosas que nunca has hecho antes?  

No tiene sentido.

- En primer lugar has de poner en práctica tus habilidades estando inseguro, desmotivado o incómodo

- Después, con la práctica, sentirás seguridad y confianza, pero no al revés. 

Para aprender has de aplicar tus habilidades en situaciones algo incómodas. Eso es así por definición. A esto lo llaman “salir de tu zona de confort”. Necesitas desafiarte. No hace falta jugarse la vida ni dar saltos mortales, pero debes esforzarte.

Estas acciones incómodas nos traen toda clase de incertidumbres, ansiedades, inseguridad, dudas, pero no tenemos otra opción que aceptar esos sentimientos, seguir actuando y aprender.

El que quiere adelgazar, dejar de fumar, aprender a relajarse, tendrá que aplicarse esto.

El que empieza a trabajar como médico,abogado, empresario o  conferenciante, tendrá que aplicarse lo mismo.

Me da igual la situación concreta de cada persona. La incomodidad estará allí.

La estrategia es aceptar los fallos y la imperfección para poder progresar hacia tu objetivo. En caso contrario, no te mueves.

Si quieres conseguir (por ejemplo una vida sana) o aprender (por ejemplo a hablar inglés) algo que valga la pena necesitas dar tres pasos muy simples:

1-Acción.

2-Retroalimentación.

3-Nueva acción.

Necesitas  dar esos pasos en situaciones desafiantes y molestas para recibir la información correctora que te permitirá hacer ajustes y seguir actuando. Haz sitio a esos sentimientos, deja que sean tus compañeros de viaje y sigue hacia adelante.

Primero necesitas dar un salto de fe, después desarrollar acciones repetidas y después aparecerá la seguridad en tus acciones.

Incomodidad como objetivo

Por eso hablo de transformar  la incomodidad en tu objetivo. 

Piensa que cuántas actividades incómodas puedes hacer cada día en dirección a tu objetivo, sea cual sea. 

Esa es la única manera de progresar y conseguir cosas.  No progresarás si no te pones en situaciones incómodas.

¿Cuál es tu actitud frente a la incomodidad?

Espero que en este punto haya  mejorado y no salgas con frases como: “ He de esperar a estar preparado”, “No lo puedo soportar”, “Necesito saber que tendré éxito”, “Esto será siempre así”,” Prefiero hacer otra cosa más agradable”, “Prefiero ver la tele”....

Imagina que decides hacer acciones incómodas para ti cada día. Imagina que tu objetivo es sentirte incómodo cada día. ¿Cómo sería tu progreso?

Qué pasaría  si decides hacer cosas incómodas a favor de tu salud como:

-Comer en platos más pequeños y menos cantidad de comida.

-No picotear entre comidas.

-Andar 20 minutos más cada día.

-Hacer relajación 10 minutos cada día.

Pregúntate qué quieres conseguir y qué acciones incómodas puedes hacer cada día para acercarte a ese objetivo.

Diario de incomodidad

Lleva un diario de incomodidad y registra las veces que te has conseguido sentir incómodo en dirección a un objetivo deseado. 

Apunta lo que has hecho, el porcentaje de incomodidad y como te sentías después. 

Seguramente tendrás una sensación de tener más control de tu vida. 

Al habituarte las molestias disminuirán y te sentirás cada vez más cómodo. 

Podrás buscar otros objetivos de incomodidad en relación a otros objetivos.

Busca sentirte incómodo para conseguir un fin posterior.

Ese es el precio que hay que pagar, pero seguro tendrá su recompensas


 ¿Estás dispuesto a pagar el precio?

» Puedes ver más artículos de psicología, desarrollo personal y autoayuda aquí.

Dr. Alberto Sanagustín
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