Agradecimiento como Terapia

Por Alberto Sanagustín
  “Es de buen nacido ser agradecido”
  Este refrán se refiere al agradecimiento por los favores recibidos. Esta actitud es positiva por motivos éticos y por motivos de bienestar personal.  El agradecimiento repercute positivamente en nosotros mismos.

  Esto está muy bien, pero aquí hablamos de un contexto más amplio. Hago referencia a un agradecimiento que tiene que ver con algo más global y que abarca toda nuestra vida: cultivar el agradecimiento como filosofía vital.

  Mucha problemática que vemos en las consultas médicas tiene una base psicosocial. Las personas están descontentas, irritables, tristes y preocupadas por diferentes razones. El resultado es una sensación de insatisfacción crónica porque ven frustradas algunas de sus expectativas.

  Mucha de esa frustración tiene una base real. Las personas sufren circunstancias muy difíciles. Pero a pesar de la dureza de las situaciones, tenemos un amplio margen  subjetivo para estar mejor.

  Para ello necesitamos aprender a distanciarnos de los sucesos vitales y del barullo mental acompañante.

  ¿Cómo distanciarnos?

  Una forma de distanciarnos es cultivando el agradecimiento.

 Seguro que nuestra existencia tiene muchos aspectos positivos, incluso en los peores momentos. Nuestro problema es la “adaptación hedónica”.  Tras la alegría inicial de conseguir o tener algo, nos adaptamos  y lo damos por supuesto. No sólo es un derecho, es un hecho indiscutible. Tenemos una  facilidad sorprendente para olvidarnos de lo que podemos llegar a perder.

  Es difícil evitar las garras de la adaptación hedónica, pero cultivar el agradecimiento es una estrategia.

  Un posible enfoque es la prescripción de “fórmula”, genérica o comodín de la Terapia familiar breve:
“Desde ahora hasta la próxima vez que nos veamos, observa, de forma que me lo puedas contar la próxima vez, las cosas que te pasan en tu vida, familia, matrimonio, relaciones, etc. que quieras que sigan pasando”.
  En la siguiente consulta puedes preguntar:
“Sigue fijándote en las cosas que te han pasado desde el último día y quieres que sigan sucediendo”.
  Estas prescripciones son muy útiles porque enfocan nuestra atención en esos aspectos positivos que damos por supuesto y que podríamos perder.

  Esta prescripción genérica la puedes adaptar y concretar más para usarla como una forma de autoayuda. Por ejemplo, hacer una lista de preguntas que se enfoquen en aspectos de tu existencia:
  • ¿Qué quieres que siga igual en tu cuerpo? ¿Qué quieres que no empeore? ¿Puedes mover la cabeza, los brazos, las piernas? ¿Puedes andar, aunque sea con ayuda? ¿Puedes ver, oír, hablar?...Todo eso lo puedes perder, ¿quieres que siga? Ahora lo tienes, ¿verdad? Agradécelo.

  • ¿Qué quieres que siga igual en tu familia? Piensa en aquello que tienes y que podrías perder ¿Quieres que siga? Agradécelo.

  • Aplica las mismas preguntas en referencia a tus relaciones, trabajo, negocios, ocio, etc. Sigue una sistemática y al final pregúntate: ¿Quiero que todo esto siga? Agradécelo.
 Como siempre, es poco útil hacerlo de forma mecánica. Es mejor que te lo plantees de forma lenta y pausada. Úsalo como una forma de meditación y deja que las sensaciones de gratitud aparezcan. Disfruta de ellas y en poco tiempo verás el resultado.

Enfoca tu atención en lo que tienes y no en lo que no tienes.

¡Suerte!

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